Para Leer
«Furia de invierno», de Perla Suez, en la lupa de Eugenia Almeida
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«Furia de invierno», de Perla Suez, en la lupa de Eugenia Almeida

¿Qué nos hace lo que somos? ¿Cómo saber si seguiremos siendo el eco de la tragedia pasada, la promesa de la tragedia futura? ¿Cómo sacudirse el sino de un dolor antes de que se vuelva explosión? Una reseña con disparadores en formato interrogantes.

Preguntas sin respuestas.

Vidas comunes que se entrelazan.

«Furia de invierno», la última novela de Perla Suez se abre con dos citas. En una de ellas Albert Einstein dice: “La distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente.”

En esa ilusión vivimos todos.

Luque llega corriendo a la estación de trenes. Está apunto de partir a Asunción. Desocupado, separado, atrapado en una inercia que lo lleva a buscar otra cosa, otro horizonte, otro mapa. Es 1979. En Paraguay lo espera un primo que quizás pueda ayudarlo.

Un cortejo fúnebre, una puerta cerrada, un ave alcanzada por un disparo, una pelota que flota en el río, una rata en la basura, un tren que pasa. Todo se hace símbolo para Luque. Símbolo de un pasado que no puede dejar atrás. La enfermedad de su madre, la infancia atravesada de violencia y abandono, un gusto a espanto que no se quita.

Aún no tiene treinta años y todo se encabalga en un recuerdo.

En un vaivén permanente entre un presente brumoso y un pasado de una nitidez ensordecedora, Luque sobrevive como un náufrago que ya no recuerda la tierra. Una pared blanca donde se proyecta, todo el tiempo, lo ya vivido.

Una pieza de pensión, el trabajo de “pasero” cruzando cosas por la frontera. La desagradable inquietud de esos encuentros en los que otros esperan que hagamos un racconto de nuestra vida. Una chica ofrecida como mercancía. Un amor furtivo. Un asesinato.Los coletazos de la violencia del contrabando.

Luque huye. Huye de algo que siempre va a acompañarlo.

La elipsis como estiloes una de las marcas de Perla Suez. Las pausas, los espacios en blanco, las escenas que empiezan y terminan bruscamente, como fogonazos, como si un narrador parco supiera exactamente qué piezas mostrar para hilar una historia.

Es fácil pensar en el proceso que hizo Picasso para alcanzar la máxima expresividad con la simpleza absoluta de las líneas. Cómo se fue despojando de todo lo que no era indispensable. En ese proceso parece estar Perla Suez. Sus libros son cada vez más breves y cada vez más pregnantes.

Estructurada en tres apartados que corresponden a momentos diferentes, “Furia de invierno” se asoma al modo anónimo en que a veces se construyen las desgracias colectivas. No puede decirse más sin correr el riesgo de revelar uno de los efectos más potentes de esta novela.

Eugenia Almeida, para No te peines que es radio