

Pululan recuerdos del Mundial que vio subcampeón a la Argentina de Bilardo. De la caída con Camerún, pasando por las manos de Goycoechea y hasta el “injusto” árbitro Codesal.
El resultado final para la Selección Argentina fue una epopeya, consecuencia del “esfuerzo” con el que Diego Maradona define hoy la actuación del equipo en Italia ’90.
A 30 años de un Mundial guardado en las retinas nacionales, como primera medida el equipo de Carlos Bilardo debió sortear varias lesiones desde el inicio, y muchos cambios.
El giro de timón de quien ponía en juego el título obtenido en México cuatro años antes tuvo como epicentro nada menos que el debut, el 8 de junio pero hace tres décadas. El 0-1 con Camerún, en Milán, rompió todas las estanterías.
De recordadas patadas de los africanos a Maradona y Claudio Caniggia, el entrenador nacional por primera vez usó todos los cambios para intentar torcer la historia.
Fue el último partido de una Copa que tuvo a un presidente argentino en la cancha. No fueron pocas las voces que hasta achacaron la visita de Carlos Menem a la severa lesión que en el segundo partido (victoria ante Unión Soviética) sufrió Nery Pumpido.
El registro fílmico de la despedida del arquero es fundamental para un revisionismo actual, tres décadas después.
Para aquel Mundial, por cábala Bilardo sostuvo los números de los campeones del ’86, y volvió a recurrir al abecedario para ubicar al resto. Pumpido, Batista, Burruchaga, Maradona, Lorenzo, Giusti, Ruggeri y Olarticoechea venían de colgarse la medalla dorada.
El evento del guardavallas le permitió a Sergio Goycoechea no sólo trascender, colaborar con las recordadas definiciones por penales, sino posiblemente armar su carrera actual, como conductor de TV.
En la fase de grupos, el 1-1 con Rumania sirvió para una angustiosa clasificación. El video oficial del juego muestra a Maradona ya visiblemente dolorido de su tobillo derecho. El botón de muestra son sus señas tras una patada de Marius Lacatus apenas iniciado el juego.
Aún cabizbajo, el plantel argentino encontraría en el histórico choque con Brasil, de octavos de final, su chance de redimirse.
Y lo haría con un triunfo épico, porque en jerarquía y el momento actual se veía por debajo del nivel de su rival. Se produjo allí la única victoria ante los brasileños en mundiales.
De los palos a la jugada de Maradona y la definición de Caniggia a 10 minutos del final, vale revivir completo el encuentro.
Hasta la final, «Goyco» fue el protagonista. En cuartos, al detener los tiros de Brnović primero y Hadžibegić después. Con Diego errando su disparo, la dimensión del arquero tomó notoriedad.
Creció aún más el «Vasco» en el partido jugado en Nápoles, ante el local. Con Maradona contrariado por su momento en el equipo, todavía se le puede leer los labios ante los silbidos cuando sonaba el himno argentino.
“Hijos de puta, hijos de puta”, repite.
Llegar a la final fue memorable, como también la decepción por la forma en la que el equipo perdió.
La primera expulsión de un futbolista en una final (la de Pedro Monzón), el penal de Andreas Brehme y el reclamo aún latente al árbitro Edgardo Codesal, son parte de la memoria del futbolero cuarentón (en adelante) del país.
En medio del recuerdo de aquel partido, hace escasas semanas Gabriel Calderón, que disputó aquella final, se encontró con imágenes casi olvidadas, que renovaron un pedido de «honestidad» al árbitro del juego.
Fue un puñado de minutos antes de la falta de Sensini, que sí terminaría en la pena máxima.
Por: Aníbal Abt